Vox y la islamofobia como estrategia política: un ataque a la convivencia en Cataluña.

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Islamcat.bcn

Mohamed El Ghaidouni, 22/08/2025

Badalona se prepara para acoger, el próximo 30 de agosto, una procesión para conmemorar el nacimiento del profeta Muhammad —que la paz sea con él—, un acto religioso que forma parte del calendario espiritual de millones de musulmanes en todo el mundo. Lejos de ser un acontecimiento ajeno a la sociedad catalana, esta celebración es un reflejo de la pluralidad cultural y religiosa que define nuestro tiempo. Sin embargo, Vox ha vuelto a aprovechar la ocasión para alimentar su narrativa islamófoba y excluyente.
La diputada Mónica Lora ha afirmado que “si quieren celebrarlo, que se vayan a Marruecos o a Pakistán”, intentando reducir la fe islámica a una cuestión de origen geográfico y, de paso, negando la compatibilidad entre ser musulmán y ser español. Es un argumento que cae por su propio peso: ningún ciudadano pone en duda la legitimidad de las procesiones de Semana Santa por el simple hecho de que el cristianismo naciera en Palestina y no en España. Las tradiciones religiosas se viven en comunidad, no en función del lugar en el que surgieron históricamente.
El mensaje de Vox no es inocente. Insisten en construir la idea de que islam y ciudadanía española son incompatibles, que ser musulmán y ser catalán es una contradicción. Esta estrategia responde a un patrón clásico: inventar un enemigo abstracto, señalar a una minoría y presentarla como una amenaza a la “cultura propia” para obtener rédito político. Es la política del caos y del miedo, la misma que se alimenta de dividir y enfrentar a los vecinos de una misma calle.
Cataluña es hoy el hogar de más de 660.000 musulmanes, de los cuales cerca de 273.000 tienen nacionalidad española. Es decir, son conciudadanos con los mismos derechos y deberes que cualquier otro. Cuando Vox niega su presencia o les invita a “irse”, no hace más que vulnerar el principio básico de igualdad y atacar la propia esencia de la democracia.
Resulta revelador que, mientras el discurso ultra tacha de “incompatibles” las celebraciones musulmanas, las instituciones públicas siguen garantizando la libertad religiosa, reconocida en la Constitución. Pretender prohibir o marginar estos actos no es defender una identidad colectiva, sino deshacerla desde dentro.
En un contexto marcado por el crecimiento de discursos de odio en toda Europa, Cataluña tiene la oportunidad de reafirmarse como tierra de convivencia, donde la pluralidad es un valor y no una amenaza. La respuesta a la islamofobia no es el silencio, sino la defensa activa de los derechos fundamentales que nos hacen a todos más libres.

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